27 abr. 2009

WATCHMEN


Un tipo que no es de cómics como yo pero que disfruta con muchas películas basadas en comics tiene que decir desde su jerga más vulgar "la-pedazo-de-película-que-es-Watchmen". Mi cerebro abrumado de reflexiones tras ver el film de Zach Snyder quería titular este post de mil y una maneras: "desgarrador apocalipsis", "visceral visión psicológica de la raza humana", incluso quería hacer referencia a la electrizante banda sonora, que recurre a clásicos como Dylan o Hendrix.
Creo que el visionado que he hecho de esta película llega un mes y pico tarde, pues a principios de Marzo la comunidad indie(screta) se revolcaba en la particularidad que esta película tenía y lo mucho que importaba a la gente moderna de hoy en día. Y les doy la razón, aunque los fans primerizos de este cómic, perdón, es una novela gráfica, ya sabían que la mejor novela gráfica de la historia ya había sido escrita, hace veinte años, por un británico llamado Alan Moore.

Como siempre, es más dificil escarvar en los fangos más espesos, a si que, allá vamos.
En Watchmen se respira la oscuridad tétrica y desangelada de otros cómics adaptados a la gran pantalla como Sin City o Batman. Atmósfera apocalíptica, de un mundo apoderado por la delincuencia, el pecado, lejos de la mano de Dios, y a ello, hacen varias referencias en los diálogos: "Si Dios tuviera en su mano evitar esta guerra nuclear, lo haría". Una mirada a un mundo desalmado donde la esperanza de los superhéroes es la única luz en el largo túnel.
La tenebrosidad no es algo fácil de retratar. Aunque tengo una cierta debilidad por las tinieblas, escenificarlas sobre la pantalla con la atmósfera adecuada lo han hecho bien muy pocos. Christopher Nolan lo hizo en El Caballero Oscuro, mostrando "el lado oscuro" (como decía Joda) de Batman. También con el hombre murciélago, Burton dio su personal toque sombrío. En esa esfera está Watchmen, en un mundo sumido en las tinieblas, algo propio del Romanticismo del siglo XIX. Unos héroes que podían haber salido de la mente del propio Lord Byron. Watchmen es una película de ideales románticos.

Que La Tierra sea un mundo asqueroso donde vivir contribuye el contexto histórico que le dan los autores. Estados Unidos, 1985, Nixon reelegido por quinta vez; Kissinger sigue siendo la mano derecha de hierro de la administración; no se perdió en Vietnam; el movimiento pacifista está borrado del mapa; el Watergate se lavó con agua, jabón y sangre; y por si fuera poco, el Presidente cuenta con un cuerpo de superhéroes a su servicio que le han hecho todos los "trabajitos" que he mencionado. Todo esto, tremendamente bien presentado en lo visual con The Times They Are A-changin' de Dylan de fondo contribuyendo a la explicación histórica. Un escenario inverosimil, que sólo puedes comprender si eres de mente liberal y entiendes que Nixon ha sido el peor presidente de la historia de Estados Unidos (junto a Bush Jr.). Se asemeja a las características que da Moore en otra de sus novelas gráficas adaptadas al cine, V de Vendetta, donde tras una guerra nuclear parcial, Gran Bretaña está dominada por un partido fascista. No es una visión que coquetea con el pesimismo del futuro de nuestra sociedad, sino que esta casada con la autodestrucción a la que estamos encaminados los humanos.

En esa autodestrucción entran los factores psicológicos, por eso, Watchmen es, probablemente, una de las mejores novelas gráficas de la historia, porque no se limita a lanzar telarañas, dar patadas y besar a la guapa. Bueno sí, eso también lo hace, pero esas son las bases de una historia para captar a la audiencia. Luego entra el factor psíquico, ese que hace que te ralles la cabeza como ocurre con El Caballero Oscuro. Conceptos como Dios y su papel en un mundo sin alma, una sociedad desangelada, el precio de la Paz y de un mundo mejor, la divinidad...Una película visceral que ahonda en las entrañas de la conciencia de la sociedad, añadida por todos los tópicos y estereotipos de una peli de superhéroes: espectaculares peleas, chica-como-un-tren y diálogos cargantes y dramáticos. Por eso, ataca tanto los sentidos y subvierte a la audiencia. Claro que, en con repertorio de banda sonora con Simon and Garfunkel (The Sound of Silence), Dylan, Billie Holiday, Janis Joplin (Me and Bobby McGee), Leonard Cohen (Hallelujah) o Hendrix (hay una escena tremenda con el All Along The Watchover, título que da vida al sentido que cobra la película en ese momento) es complicado que no te encandile.

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