8 ene. 2009

Kitty, Daisy & Lewis: Los '50 nunca mueren

Si los viejos roqueros nunca mueren, la década de los '50 tampoco. Siempre se recordarán por aquella rebeldía en la moda y la música que empezó a despertar en la cultura americana, el descaro de una juventud que comenzaba a salir de los parámetros clásicos. Darle al play y escuchad aire fresco. ¿Qué pasa? Viajamos en un momento a Memphis, 1955...pero no, estamos en Londres a día de hoy. Estos tres chavales -el mayor tiene 20 años- se dedican a hacer rock'n'roll cincuenta años después en el garaje de su casa con antiguos equipos de los años '40 y '50, sin faltarles su ropita vintage que así quedan muy monos. Por si fuera poco se niegan a lanzar su música en CD, y recurren, obviamente al vinilo, eso sí, es un poco contradictorio que tengan un myspace.

Pregúntese uno como narices unos críos que nacieron en los noventa pueden hacer este desparpajo de rockabilly con el que se me mueven los pies por cada pieza que escucho, y te hacen viajar a los mismísimos estudios de Sun Records en Memphis cuando Elvis soltaba sus primeras bocanadas de rock'n'roll. Pues resulta que los señores padres decidieron inflar a buena música a los tres hermanitos Durham desde pequeños, y soltar intrumentos como golosinas por la casa. Además, la colaboración de los progenitores en los conciertos es habitual, así como en la producción del disco. El resultado: guitarras, contrabajo, banjo, armónica, ukelele, acordeón y trombón amasados, hechos forma y horneados en el rock'n'roll, blues, swing y country, con algo de western y armonías hawaiianas. Me viene a la cabeza Buddy Holly, Elvis, Johnny Cash, la familia Carter, en especial, June a la que me recuerda una de las vocalistas, Chuck Berry, Little Richard, Bill Haley & The Comets, buf!, demasiado...
Esta es la adaptación de Going up the country de Canned Heat:



¿Que os parece? Como si hubieramos cogido el delorean de Doc.Brown y aterrizado en 1955 con Marty Mcfly. Solo me falta coger el peine, volver a engominarme como hacía antes, y la chupa de cuero. Quizás, lo mejor de Kitty, Daisy and Lewis no es la capacidad que tienen de manejar una estética musical de hace medio siglo, sino lo cercano que suenan. Cierto es que aquella música de los '50 es como un abrazo cálido, pero tiene mérito que a través de Myspace -que dispara melodías de hielo a los oídos- escucharlos suene tan acogedor. No quiero ni pensar como será el vinilo que pronto estará en mis dominios, puede que salga a la calle vestido de Danny Zuco.

Soy de esos que piensa que en la música está casi todo inventado (esto puede dar lugar a un largo debate), asi que encontrarme este soplo de aire fresco que huele a reliquia desenpolvada (aunque no lo sea) me provoca esta efervescencia lejos de mi escepticismo habitual. El álbum homónimo está editado en cinco vinilos de 10 pulgadas a 78 rpm como los hacía Sun Records por los cincuenta. Os dejo con un fragmento de un documental, We dreamed America, donde aparecen, y en el que se ve el desusado equipo con el que grabaron.


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